MAGOSTOS

El Magosto es una fiesta tradicional muy arraigada en la cultura popular gallega. Los castaños forman parte esencial del paisaje gallego desde hace muchos siglos. Como tantas otras cosas, que dirían por ahí, Galicia debe sus castaños a los romanos, que trajeron unas variedades de árbol más productivas que las autóctonas que se extendieron rápidamente por la región. Durante los siglos siguientes, la castaña adquiere gran protagonismo en el ciclo vital y económico de las tierras, tanto de los terratenientes –monasterios y nobles– como de sus arrendados. Aprovechados al máximo –desde la madera del árbol, hasta su fruto y sus desechos– se exigía la plantación de soutos en las tierras y muchas rentas o parte de ellas se cobraban en castañas, también conocidas como ‘el pan de los pobres’.

El escritor e historiador gallego Manuel Murguía consideraba el Magosto como un banquete funerario en el que la castaña al fuego simbolizaría la muerte y el vino, la nueva vida. En torno a esta idea, para celebrar el fin de una nueva cosecha, se juntaban vecinos, familia y amigos. Era una fiesta especialmente querida por los jóvenes: ellas recogían y llevaban las castañas y ellos las garrafas de vino. Comían, bebían y acababan bailando y adornándose la cara con ceniza.

El Magosto hoy

¿Y qué hay de hoy? Pues, como buena tradición centenaria, la esencia de la fiesta continúa prácticamente igual. El Magosto se celebra especialmente en las zonas de interior de Lugo y en Orense. La fiesta tiene un marcado carácter popular: todo el mundo la celebra de una forma u otra, aunque probablemente la más extendida sea subir al monte en grupo a asar castañas, chorizos  en una hoguera.

SAN FROILAN

Desde el siglo XIX las fiestas de San Froilán han tenido una estructura básica, con una serie de eventos sobre los que se da forma al programa de fiestas. Los actos más importantes nacen bien a raíz de la fiesta religiosa que gira en torno al día de San Froilán, 5 de octubre, y que se celebra ya desde la Edad Media, y los actos que nacen a la par que la feria y como entretenimiento para todos aquellos que acudían a Lugo a vender y comprar. Así a los festejos religiosos que duraban un día se le une a partir del siglo XVIII toda la parafernalia que acompaña a una feria que dura varios días. Lo sagrado y lo profano se unen para dar origen a las Fiestas de San Froilán. En el siglo XIX los actos festivos cobran tal magnitud que la propia feria se programa como uno de los eventos propios de la fiesta. Poco a poco los actos religiosos y la feria irán perdiendo protagonismo a favor de la fiesta, pero seguirán marcando el carácter y la singular estructura que mantiene en la actualidad.  https://www.sintelugo.com/